Encontré en mis archivos olvidados un poema que es mío, pero de mi niñez, de mi más pura inocencia. Ojo al dato.
El cuaderno sin hojas.
Había un bonito cuaderno
que tenía muchas hojas
pero un niño muy malo
se las arrancó todas.
Y tan solo quedaron
dos grandes capas grises
que estaban muy solas
y también muy tristes.
Pero a las capas
se les ocurrió un plan:
cuando el niño les viera
empezarían a charlar.
Y cuando hablaron
el niño asombrado,
le pegó las hojas
que había arrancado.
Y como el niño era malo
luego fue muy bueno,
y para que hablaran
les compró otro cuaderno.
TOMA TESTIMONIO. Ese día creo que fue el mayor momento de inspiración que he tenido en toda mi vida. Se pusieron a charlar y ese tremendo problema que había que atajar se solucionó, ¡cómo no!
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