Bien sabes que al principio yo no te quería, lo sabías y lo notabas. De ahí tus malos humos y demás rarezas. No sé cómo pero aprendí a amarte. Supongo que simplemente comprendí lo que necesitabas.
Creo que fue contigo la primera vez, por lo menos en condiciones. Yo no estaba muy segura pero tú... tú hiciste lo que tenías que hacer aunque yo iba borracha, como siempre. Has aguantado todas mis borracheras incluso cuando no debías haberlas aguantado.
Me has encarrilado, me has iluminado cuando yo estaba cegada, incluso cuando te he presionado demasiado o te he descuidado... tú seguías como siempre, llevándome por el buen camino y por muchas noches de marcha.
Hoy por hoy tengo que darte las gracias. Por estar siempre ahí, por llevarme al fin del mundo sorteando todos los baches que hicieran falta solo si yo te lo pedía, por colmarme de nuevas ilusiones cada vez que te invito a tomar algo, por hacerme sentir tan cómoda a tu lado y tan protegida.
Por no fallarme ni una vez, por estar siempre aparcado en la acera cuando salgo de casa.
Gracias Fiat Punto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario